El primer tratado sobre lentes oftálmicas

En el siglo XVII se publicó en Sevilla un importante libro para la historia de la óptica, aunque su autor no era una autoridad en la materia. La enigmática figura de Benito Daza de Valdés aún hoy plantea más dudas que certezas. 

 

El tratado se titula “Uso de anteojos para todo género de vistas”, y fue publicado originalmente en español en el año 1623, mientras que su autor no fue un científico ni un especialista. No plantea nuevas teorías ni ahonda en el conocimiento de los mecanismos de la visión, pero se trata del primer estudio sistemático de lentes oftálmicas correctoras y los defectos visuales que pueden solucionarse con ellas.

Benito Daza de Valdés se cree que era un funcionario de la Inquisición española, nefasta institución que en aquella época estaba en el apogeo de su poderío y que en lugar de alentar el progreso intentaba mantener a la ciencia dentro de los estrictos límites marcados por la teología.

Como sea, su obra es un inédito tratado sobre lentes para corregir los defectos de la visión; aunque en ese entonces el tema ya había despertado interés en otros autores y científicos como Giambattista della Porta o Kepler. El ensayista español evita profundizar en nuevas teorías y en lo que se refiere al funcionamiento de la vista no hace referencia a los estudios de sus contemporáneos, sino a los ya superados de antiguos autores, como Galeno y Aristóteles. Aún así, describe el anteojo de Galileo y demuestra conocer su obra.

Con simpleza la obra explica las prácticas habituales de aquel momento y la forma en que se seleccionaban las lentes, según la patología o el defecto visual que el paciente refería.

 

Un método simple para elegir la lente adecuada

El tratado se estructura en tres partes o libros distintos. Los dos primeros, que se subdividen en capítulos, se llaman “De la naturaleza y propiedades de los ojos” y “Del remedio de la vista por medio de los anteojos”. El tercero consta de una serie de cuatro diálogos entre varios personajes que padecen diversas afecciones oculares y un fabricante de anteojos que les indica cómo encontrar la lente más adecuada.

En relación al material usado para fabricar las lentes, el mejor, según el autor, era el cristal de roca, pero resultaba difícil de encontrar y en consecuencia bastante caro. Por lo tanto, aconsejaba el cristal de vidrio, particularmente “una especie de vidrio finísimo fabricado en Murano”. Por último, consideraba al vidrio común como “el peor de todos”.

En su obra, Daza de Valdés habla también sobre las gafas protectoras o conservativas, de color. En este sentido, después de la invención de los anteojos no pasó mucho tiempo hasta que se pensó usarlos con la finalidad de cuidar los ojos de la luz excesiva del sol. Por lo tanto, en el ensayo se encuentra una de las primeras referencias escritas en relación a lo que podría considerarse el antecesor de los anteojos de sol.