La salud visual en el regreso a clases

Durante los meses de aislamiento obligatorio los chequeos periódicos de salud infantil fueron aplazados. Sin embargo desde hace un mes, con el retorno a clases presenciales o semipresenciales, los controles médicos pediátricos volvieron a ser un requisito para el ingreso escolar y un compromiso que los padres no deberían postergar.

Los exámenes de la vista en los niños pequeños son fundamentales ya que a su edad suelen no tener una noción de qué es una “visión normal” y por esta razón es muy difícil que logren describir sus problemas a los padres. Lo más probable es que los niños ni siquiera se den cuenta de que no ven tan bien como deberían.

Los controles pueden ayudar a descubrir problemas en una etapa temprana, mientras la visión aún se está desarrollando. La desalineación, los errores de refracción y otros problemas que afectan la visión saludable en un ojo en desarrollo, aún pueden mejorarse o corregirse durante los primeros cinco a siete años de la vida de un niño.

El diagnóstico temprano es esencial para optimizar la salud visual de los niños y jóvenes.  Si los problemas no se detectan y corrigen con tratamiento o con los anteojos adecuados a tiempo, estos trastornos oculares pueden provocar dificultades en el desempeño escolar, afectar las interacciones sociales y perjudicar la autoestima.

Se estima que el 20% de los menores de 18 años presentan problemas visuales: por eso, entre los dos años y medio y los tres años de vida, se debe empezar a evaluar la agudeza visual de un niño, la cual en ese momento aún está a un 50% de la que logrará de adulto.

La visión es fundamental en el aprendizaje de los niños. Cerca del 80% del desarrollo socio-educativo tiene lugar a través de los ojos durante los primeros 12 años de vida y los cambios en la visión pueden producirse, sin que los padres o docentes se den cuenta. Estadísticas en España señalan que entre el 5 y el 10% de los niños en edad pre-escolar y el 25% de los escolares presentan problemas visuales y utilizan gafas o lentes de contacto para corregirlos. Pero muchos otros no saben que tienen alguna disfunción visual y que necesitarían utilizar un elemento compensador de su visión, para lograr una óptima asimilación de los conocimientos que se aprenden en la escuela.

En la edad pediátrica los problemas visuales son frecuentes y en muchos casos se demora su diagnóstico. A veces esas patologías son reconocidas en la edad escolar, precisamente por parte de los maestros y profesores: ellos son alertados por el poco interés del alumno en el aprendizaje o dificultades en la fijación de conocimientos; cuya causa no es otra que una alteración de la vista, sentido esencial para el éxito escolar.