¿Cómo se relacionan el vuelo de una libélula y la sonrisa de la Mona Lisa? Además de genio, inventor y artista, Leonardo da Vinci poseía una extraordinaria capacidad visual, responsable de permitirle ver la realidad de otro modo. Por eso, podía captar movimientos imperceptibles para el resto de las personas.

 

La frecuencia crítica de fusión de parpadeo (CFFF por su sigla en inglés) es aquella a la que una luz parpadeante es percibida por una persona como continua. Aunque tiene que ver con la función visual, está asociada a cómo se desenvuelve el cerebro ante ciertos estímulos. Es una medida que se refiere a la velocidad de procesamiento visual.

Allí estaría la clave de algunas obras de Leonardo da Vinci, entre ellas, la enigmática sonrisa plasmada en su célebre cuadro La Mona Lisa. La ciencia pretende explicar de ese modo cierta capacidad fuera de lo habitual que poseía Leonardo, que ayudaba a representar la realidad de un modo único.

Sigue siendo un misterio por qué Leonardo da Vinci poseía esa capacidad visual fuera de lo común. Otro enigma sobre uno de los más grandes artistas e inventores de la historia.

 

Capacidad para ver la realidad de otro modo

La capacidad visual del genio renacentista para captar el movimiento era mucho más aguda que la de cualquier otra persona. Por eso, habría sido capaz de observar fenómenos y momentos particulares: por ejemplo, pudo reflejar en sus estudios las características del vuelo de una libélula, cientos de años antes de que las cámaras de alta velocidad permitieran observar los movimientos del insecto en detalle. Y también, el instante exacto en que La Gioconda comenzaba a sonreir.

Para una persona común, el índice de CFFF se encuentra entre 20 y 40 flashes por segundo, lo que se expresa en hercios (Hz). En quienes son más perceptivos, la cifra puede llegar a poco menos de 50 Hz. Esto se relaciona con la persistencia retiniana: cada imagen permanece un breve lapso fijada en la retina, para ser relacionada por el cerebro con la siguiente. Al ver una película, los fotogramas son percibidos así como un movimiento continuo.

Si Da Vinci viera una proyección en una sala de cine o por televisión, se cree que sería capaz de observar los fotogramas de manera individual, cada uno por separado.

 

Una extraordinaria agudeza temporal

En sus observaciones sobre el vuelo de las libélulas, Da Vinci explicó que lo hacen “con cuatro alas, y cuando las del frente están elevadas, las traseras permanecen bajas”. ¿Cómo logró hacer esa apreciación en el siglo XVI?

La agudeza visual se divide en tres aspectos: espacial, espectral y temporal. En la última el artista italiano sobresalía por encima de la media. Las libélulas baten sus alas a una velocidad que se ubica entre los 10 y los 20 milisegundos (como se ha demostrado en grabaciones en cámara lenta), para poder observar en detalle su vuelo una persona debería tener una capacidad de entre 50 y 100 fotogramas por segundo.

Si Da Vinci poseía realmente esa particular agudeza visual temporal, ¿se trataba de una cualidad natural con la que había nacido? ¿O cultivó esa capacidad, por su incansable curiosidad y el deseo de observar todo detenidamente?

 

Si queres saber más sobre esta extraordinaria capacidad visual de Leonardo Da Vinci, Ver la nota completa, en la edición digital de Fotoptica 161