La inteligencia artificial (IA) es una innovación importante en el diagnóstico médico y su aplicación es cada vez más habitual en la detección de afecciones oculares. Investigaciones en entornos clínicos han demostrado que la combinación de un médico con un algoritmo mejorará los tiempos y contribuirán a la precisión en los diagnósticos.

En el terreno médico, la inteligencia artificial sobresale, especialmente en lo relativo al reconocimiento de imágenes. Y ha crecido mucho en entornos en los que el análisis de las mismas resulta esencial para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Las especialidades en las que tiene mayor alcance son algunas como radiología, patología, dermatología y oftalmología.

Los sistemas basados ​​en IA –denominados de aprendizaje profundo– se entrenan con muchas imágenes del ojo: los algoritmos aprenden la diferencia entre la imagen normal y aquellas otras que evidencian alguna patología.

Por ejemplo, la inteligencia artificial se emplea para evaluar imágenes de la retina a fin de reconocer pacientes con riesgo de enfermedad cardiovascular, y también en imágenes de rayos X, para ayudar a identificar la neumonía pediátrica.

Diversos estudios, avalados por asociaciones de oftalmología en todo el mundo, consideran que la inteligencia artificial no reemplazará a los médicos, pero sin duda contribuirá a que ellos sean más eficientes.

Pero la IA también puede ser útil en la detección de la retinopatía diabética y la degeneración macular. En el caso de la retinopatía diabética, un estudio publicado el año pasado en Ophtalmology, la revista de la Academia Norteamericana de Oftalmología, demostró que, en el diagnóstico, el accionar conjunto de los médicos y los sistemas de IA es más efectivo que si operara cada uno por separado. La investigación destaca la ventaja del “efecto de segunda opinión”: la precisión de diagnóstico de los médicos mejoró con la ayuda de un sistema experto, que actuaba como si fuera otro profesional.

A medida que se entrenan los sistemas de IA, estos algoritmos podrían ayudar a aumentar el acceso de los pacientes a programas de detección temprana de retinopatía diabética y otras enfermedades oculares. Además, en el futuro, los pacientes podrían concurrir a una cabina de detección, donde se les tomaría una imagen de sus ojos para poder indicarles, solo algunos segundos más tarde, si es necesario que consulten a un médico.